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08 diciembre, 2015

Ciclo Vital del Perro, Infancia, Adolescencia y Vejez



Desde el día en que nace un cachorro se empiezan a notar cambios visibles. Crecen y evolucionan a una increíble velocidad, y es fascinante comprobar en apenas 12 meses pasan de ser las criaturas desvalidas de los primeros días a esos intrépidos jovencitos que nos cautivan sin cesar con sus diabluras. Cada día aprenden mil cosas nuevas; jugar, comunicarse, comprender el mundo que les rodea, etc..

El Recién Nacido

Los perros nacen sin poder oír y sin poder ver. Aunque están cubiertos de pelo, necesitan estar en contacto con la madre para mantenerse calientes y protegidos. En los primeros días, el principal órgano sensorial es el del olfato, lo que puede observarse fácilmente contemplando un cachorro recién nacido; su trufa y su morro son desproporcionadamente grandes en relación con el resto del cuerpo.

Desde el principio son capaces de moverse, regresando a la camada si se les aísla del grupo, y también de chillar para avisar a la madre de donde esta situado cuando tiene hambre.

Los cachorros recién nacidos no pueden orinar ni defecar por sí solos, ni tampoco regular su temperatura corporal, y dependen por completo de su madre, que con vigorosos lametones provoca la micción y la deposición; también con su propio cuerpo les proporciona el calor necesario.

Los perros nacen ya capacitados para hacer muchas cosas: los nervios craneales están ya totalmente desarrollados, y eso les permite mamar, tener sensibilidad en el morro, mantenerse en una posición e incluso enderezarse instintivamente. Se trata de un reflejo natural que se produce cada vez que se caen o se les da la vuelta, y consiste en ponerse de nuevo en una posición normal. Si se agarra por la holgada piel de la nuca a un cachorro recién nacido, éste encogerá de forma característica las patas y se mantendrá totalmente inmóvil.

Pero sólo hará esta acción de quedarse inmóvil durante los primeros cuatro o cinco días, después estirará las cuatro patas, poniéndose tieso y separándolas entre sí. Los cachorros con menos de una semana, no pueden ver ni oír bien todavía, pero reaccionan ante los ruidos fuertes. También producen los chillidos fuertes, chillando y gimoteando si se sienten abandonados con el fin de atraer a la madre.

De la 1ª a la 3ª Semana de Vida

En cuanto se abren sus orejitas, los cachorros comienzan a reaccionar ante los sonidos, y aunque no pueden ver con claridad hasta que cumplen más o menos cuatro semanas, intentan ya seguir con los ojos la luz y el movimiento de los objetos.

Los cachorros suelen empezar a moverse con cierta soltura a las tres semanas de edad más o menos, caminando en vez de arrastrarse, y alternan breves períodos de actividad con prolongados períodos durante los cuales duermen profundamente.

De la 3ª a la 6ª Semana de Vida

Con cinco semanas, los cachorros pueden ya oír, ver y olfatear como perros adultos, aunque sólo logran concentrar su atención durante lapsos muy cortos. El destete se inicia normalmente a las tres semanas más o menos, momento en que la secreción láctea empieza a decrecer y la madre a rechazar progresivamente a los cachorros que intentan mamar.

El destete se prolonga normalmente hasta la quinta o sexta semana, y es para los cachorros la primera y más importante lección de convivencia social de su vida, ya que los enseña a soportar la frustración que conlleva el que su madre les niegue el pecho cuando ellos sienten que lo necesitan.

También aprenden mucho jugando con sus hermanos y con la propia madre, pues esto les permite adquirir conciencia de que son perros. Muchas posturas utilizadas en el juego y gestos faciales son adquiridos precisamente en esta época de su vida.

De la 6ª a la 12ª Semana de Vida

En esta época de su vida, resulta muy esencial la intervención humana. La socialización (proceso durante el cual el cachorro aprende a comportarse con los humanos y con otros perros) debe tener lugar a esta edad. Acostumbrarlo, o exponerlo de forma gradual a todos los elementos y cambios que se producen habitualmente en el entorno resulta esencial también.

Un cachorro debidamente socializado y familiarizado con el entorno se convierte en un adulto seguro de si mismo, feliz, equilibrado y obediente sean cuales sean las circunstancias o los lugares a que deba enfrentarse en el futuro.

A partir de este momento, los cachorros empiezan a recabar enormes cantidades de información sobre el mundo que los rodea. Ya se mueven con soltura, coordinando perfectamente sus movimientos, y pueden tanto correr como saltar y revolcarse. Es ahora cuando más necesitan del juego con sus hermanos y con los humanos para aprender normas de conducta social, y cuando clavan sin cesar sus dientes punzante como alfileres para averiguar qué elementos del mundo que los rodea son seres vivos y cuáles meros objetos inanimados.

Normalmente, después de la séptima semana el cachorro ya está completamente destetado y es capaz de ingerir por sí mismo todo el alimento sólido que necesita para satisfacer sus necesidades nutricionales. Con ocho semanas está preparado para separarse de su madre y de sus hermanos de camada, aunque muchos permanecen junto a la madre hasta que cumplen las diez o doce semanas de vida.

Entre Los 3 y Los 6 Meses de Vida

EN esta época, el perro adquiere gran masa muscular y ósea, preparándose para la pubertad. Entre la 18 y la 20 semana de vida, más o menos, se le caen los dientes de leche y aparece la dentición permanente. Este proceso marca definitivamente el final de la infancia propiamente el final de la infancia propiamente dicha.

El perro experimenta sin cesar diferentes conductas sociales, y tal vez incluso empiece a ensayar comportamientos sexuales, intentando montar cojines, otros animales o a los seres humanos. Puede también entablar juegos competitivos (de fuerza, posesión, etc..) destinados a averiguar cuál es el perro dominante. Por medio del juego aprende a comunicar sus sentimientos y también a asumir y averiguar su propio estatus social.

A esta edad es bastante habitual que los cachorros empiecen a mostrarse extrañamente miedosos, expresando temor ante objetos o personas con los que ya estaban familiarizados. En estas circunstancias, de la reacción del propietario dependerá que esa aprensión se venza o se perpetúe. Obligarle a enfrentarse a lo que teme por la fuerza puede provocar que siga temiéndolo de por vida.

Entre los 6 y los 12 Meses de Vida

Estos meses representan la adolescencia del perro. A esta edad las hembras tienen su primer celo y los machos alcanzan la madurez sexual. Puede ser una época de tanteo entre el perro y su propietario, ya que las relaciones sociales tal vez se replanteen por completo. Algunas hembras parecen sufrir cambios repentinos de humor antes, durante o después del celo, y tal vez se muestren reacias a permitir que otros perros se les acerquen.

Los machos suelen empezar a levantar la pata para orinar entre los 6 y los 12 meses de su vida. Lo hacen para delimitar su territorio y para enviar a los otros perros información cifrada en en señales olfativas sobre su situación social y sexual. Sus encuentros con otros perros pueden empezar a estar presididos por sentimientos de rivalidad, aunque no se suele llegar a la agresión física, y con frecuencia pretenderán montar a las hembras o a los otros machos intentando convertirse en el macho dominante.

Los dientes de adulto aparecen entre los 6 y los 10 meses de edad, y es posible que el perro sienta un deseo irresistible de mordisquear, intentando aliviar así la tensión en sus encías. Es conveniente proporcionarle abundantes juguetes y mordedores para evitar que rompa cualquier otra cosa.

Entre 1 año y los 4 años

Aunque suelen alcanzar la madurez sexual entre los 6 y los 14 meses, los perros pueden continuar creciendo y desarrollándose psicológicamente durante durante mucho más tiempo. Los perros miniatura tienden a madurar más deprisa que los grandes, y sobre todo si se trata de razas gigantes como el Terranova y el Mastín del Pirineo, que a veces no pueden considerarse propiamente perros adultos hasta los 3 años de edad.

La madurez psicológica, por su parte, tarda a veces mucho en alcanzarse por completo. Los propietarios de razas tan exuberantes como el Boxer, por ejemplo, se preguntan con frecuencia si su perro no piensa hacerse mayor nunca. En esta época, los perros siguen aprendiendo y estableciendo roles tanto en el entorno familiar como en sus relaciones con otros perros.

El Perro Anciano

Anciano es un termino bastante relativo en los perros, ya que la vejez depende en gran medida de la raza, de su estado de salud, su forma física y de la actitud de su propietario. Para un perro activo, sano y en forma, envejecer puede significar simplemente ir relentizando poco a poco su ritmo de vida.

Muchos perros viejos disfrutan todavía de los paseos, jugando con sus amos y relacionándose con los miembros de la familia. Tal vez duerman más horas y más profundamente que antes, y también es posible que necesiten salir más a menudo, ya que los riñones, junto con el hígado, son los primeros en resentirse a causa de la edad. Además de esto último, la pérdida de peso puede ser el primer síntoma de un problema renal o hepático, por lo que conviene estar alerta.

Entre las molestias asociadas a la vejez destacan la artritis y la pérdida de flexibilidad en las articulaciones y la espina dorsal. El sobre peso agrava individualmente cualquier problema geriátrico, por lo que es fundamental prevenirlo.

Algunos perros desarrollan una dependencia patológica con respecto a sus dueños al llegar a la tercera edad; aúllan o lloriquean cuando los dejan solos y se desazonan enormemente cuando no están en contacto con la familia. Esto puede ser síntoma de una degeneración generalizada o simplemente de sordera progresiva, y debe ser revisado por el veterinario.

Los perros a veces padecen un trastorno que podríamos denominar demencia senil, caracterizado por la progresiva desorientación y pérdida de memoria. Actualmente existen medicamentos capaces de aliviar estos síntomas, y no es mala idea consultar al veterinario, que tal vez pueda recetar a su perro algún medicamento que contribuya a hacer los últimos años de su vida tan dulces como merece.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

PSICOLMASCOT

Contacto: psicolmascot@gmail.com 

07 diciembre, 2015

El Perro y la Toma de Contacto con una nueva Familia


Con La Familia

La llegada del nuevo perro crea un clima de expectación y alegría en la casa, pero el nuevo cachorro o perro adulto se sentirá un poco inseguro cuando llegue y ese exceso de entusiasmo puede resultarle abrumador. Intente que las presentaciones no sean exageradamente efusivas, sino más bien tranquilas y sosegadas. Saque al perro inmediatamente al jardín, la terraza, o a la calle para que pueda hacer sus necesidades y después vaya mostrándole las distintas habitaciones una por una, vigilándole con atención, pero a distancia, mientras explora. Deje bien claro si hay niños, que no se les permite coger al perro en brazos, ni atosigarle, ni hacer que se sienta acorralado.

El Perro Y Los Niños

Asumir la responsabilidad de cuidar a un perro, es sumamente beneficioso para un niño, pero si éste tiene menos de siete u ocho años tal vez sea aún demasiado joven para cumplir con sus compromisos. Una vez que el cachorro deja de ser novedad, los niños suelen desentenderse de todo y les toca al papá o a la mamá cargar con el nuevo miembro de la familia.

Que los niños participen en las comidas. Pueden servir el alimento o echar de vez en cuando en el comedero algún bocadito delicioso, evitando que en el futuro el perro defienda su comida de forma agresiva y posesiva.

A veces los niños resultan excelentes adiestradores caninos. Trate de que un adiestrador profesional, le imparta unas clases a su hijo sobre la educación del cachorro, comportamiento y cuidados.

Ayude a sus hijos a relacionarse con el perro de modo que quede claro que ellos poseen autoridad en cuanto que son seres humanos. Si enseña a los niños a esconder objetos para que el perro los busque, o a enseñar nuevas tratas en el juego al perro, o a cepillarlo, todos se beneficiarán.

Presentarle a otro Perro

Si tiene usted otro perro en casa, lo mejor es que ambos se conozcan en terreno neutral. Lo ideal sería que el perro adulto le acompañase a casa del criador o refugio, cuando fuese a recoger el cachorro. Después de hacer juntos el viaje a casa, ambos perro deberían permanecer juntos en el jardín, terraza, o al aire libre, en un lugar seguro y controlado, durante media hora, antes de entrar en casa con el cachorro, invitando al perro adulto a acompañarlos.

No deje a mano ningún objeto que su perro sienta que necesita proteger del intruso, como sus juguetes o hueso. Si teme que el perro viejo se muestre agresivo con el nuevo, no suelte a ninguno de la correa o deje al cachorro en el transportín o parque de cachorros, mientras ambos se comunican, cosa que debería repetirse varias veces hasta que el perro adulto se haya acostumbrado a su presencia.

Durante los próximos meses deberá dejar claro al nuevo perro que el mayor y más antiguo de la casa, es el que manda, saludándolo siempre en primer lugar, dándole el plato de comida primero, y dándole en general, la prioridad a la hora de recibir mimos y atenciones. Aunque no le será fácil poder ignorar a ese precioso cachorro, pero no quedará más remedio, ya que de lo contrario podrían surgir entre ambos problemas de rivalidad.

El Perro Y El Gato

Si se les presenta como es debido, un perro y un gato pueden convertirse en amigos entrañables. Los problemas suelen surgir cuando se permite que el perro pueda ir a correr detrás del gato, ya que éste desconfiará a partir de ese mismo momento, y será muy difícil que el primero se olvide de lo divertido que es perseguir a un gato. Si tiene una caseta de interior, transportín o jaula, coloque dentro al perrito y cierre. Deje entonces entrar al gato en la habitación, pero asegúrese de que tiene una repisa o mesa hacia donde pueda saltar el gato si se asusta.

Para sentirse seguro, un gato tiene que saber que existe una vía de escape o un lugar elevado y seguro donde refugiarse. Normalmente, el gato mirará con recelo al perro, pero no tardará en bajar al suelo y acercarse. La próxima vez que se comuniquen, mantenga a su perro sujeto con la correa y dale una golosina para distraerlo.

Estas comunicaciones y acercamientos controlados, deben repetirse hasta que ambos animales se acepten mutuamente. Asegúrese de que la comida y el agua del gato están fuera del alcance del perro, y de que éste no puede abordar por sorpresa al gato en sus momentos más vulnerables, por ejemplo; mientras esta utilizando su cajón de arena.

Aunque a veces puede haber problemas cuando el perro tiene fuertes instintos de persecución, por ejemplo los Galgos, la verdad es que los gatos son excelentes tutores para el perro. De hecho, casi siempre que un perro y un gato conviven en el mismo hogar, es el gato el que manda.

El Perro Y Las Otras Mascotas


Los perros pueden aprender a ver como un miembro más de la familia a cualquier mascota si la conocen cuando aún son cachorros. Para que un perro considere miembro de su familia a una cobaya o a un conejo, es preciso que lo haya conocido antes de cumplir las doce semanas de edad.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

www.psicolmascot.com

Contacto: psicolmascot@gmail.com 

06 diciembre, 2015

Adiestramiento Canino, La educación del Cachorro

Por fortuna, se ha avanzado mucho en los últimos 20 años. Si antiguamente se esperaba a que cumpliera seis meses de edad para empezar a educarlos pensando que antes no estaban preparados para afrontar algo tan duro como el adiestramiento, hoy, gracias a los nuevos métodos de adiestramiento y a la mejor comprensión de la psicología canina, es posible indicar la educación de un cachorro desde el día que sigue al de su llegada.

La mayoría de los propietarios creen que el adiestrarlos consiste en enseñarles a sentarse o echarse, pero en realidad un perro puede realizar estas acciones por sí mismo y no necesita que le enseñemos a hacerlo. El adiestramiento consiste en enseñar al perro un idioma extranjero (nuestro idioma) para que pueda entender qué le pedimos que haga y cuándo queremos que lo haga y en consecuencia obedecer.

Educar a un cachorro consiste también en dejarle claro qué cosas le está permitido y cuáles no. Desde muy pronto, los cachorros poseen dientecillos punzantes como alfileres que cumplen antes de las 18 o 20 semanas, un papel muy importante en la educación. En efecto, jugar a morder es no sólo normal en los cachorros, sino también educativo. Los perros, igual que los niños pequeños, exploran el mundo que los rodea introduciendo objetos en su boca. Cualquier objeto que no reaccione cuando le clavan sus afilados dientecillos, debe ser inanimado; y cualquier objeto que dé muestras de dolor será, por fuerza, una persona o animal vivo.

Jugar a Morder

Jugar a morder enseña a los cachorros a moderar la intensidad de su mordedura cuando están jugando con seres vivos. Si ve cachorros muy jóvenes jugando,notará enseguida que ninguno se enfada al ser mordido.. salvo si el que muerde se ha excedido apretando. Si esto ocurre, el mordido chilla de dolor y se niega a continuar jugando durante unos segundos. Y esto mismo debemos hacer nosotros si nuestro cachorro nos muerde demasiado fuerte, para que sepa que nos ha hecho daño y no estamos dispuesto a jugar a sí.

Cuando nuestro cachorro nos haga daño con los dientes no debemos mostrarnos enfadados, sino sólo doloridos (la ira por nuestra parte sería interpretada por ellos como una incomprensible agresión.) Si su cachorro le clava los dientecillos, grite fuerte, déle la espalda y finja que el dolor no le permite seguir jugando. Esta actitud impactará un poco al perro la primera vez, pero no espere resultados inmediatos. Poco a poco, en los próximos días, los mordiscos irán perdiendo intensidad hasta que usted tenga que fingirse dolorido incluso la más leve presión.

Por último, empiece a expresar dolor con el solo roce de los dientes, y el cachorro dejará pronto de morderle. El perro debe aprender que a un humano no se le puede morder nunca, ni siquiera jugando.
Cuando Muerden Para Llamar La Atención

Algunos cachorros muerden precisamente para provocarnos. Esta conducta suele estar asociada al deseo de llamar la atención y producirse en hogares donde hay niños pequeños que chillan y agitan los brazos histéricos cuando el perro le agarra la ropa. Esto hace, por supuesto, que la mamá venga corriendo a ver que es lo que está pasando y se provoque un gran revuelo alrededor.

El cachorro probablemente se siente muy satisfecho, recuerde que es mejor una regañina a que le ignoren a uno por completo. En estos casos conviene distraer al perro con juguetes y evitar la sobre excitación del niño y del perro. También funciona encerrar al cachorro en su jaulita o en una habitación adaptada y acondicionada al perro, durante un rato de vez en cuando, para que tanto el cachorro como el niño se calmen.

Llevar al Cachorro a Clases de Educación

Una de las formas más rápidas de lograr que un cachorro de menos de 18 semanas aprenda a controlar sus mordiscos es haciéndoles jugar con sus congéneres. Si lo lleva a una clase de socialización bien dirigida puede acelerar el proceso al tiempo que recibe ayuda en los demás aspectos del adiestramiento básico.

Encontrar una buena clase de socialización para el cachorro puede ser tan difícil como encontrar un buen colegio para su hijo. Más vale no precipitarse en la elección. Lo más importante es no perder la calma ni la paciencia mientras educa al cachorro; el perro aprenderá pronto si las circunstancias, y el método utilizado son correctos, y tanto el cachorro como usted se beneficiarán.

Lo mejor es ponerse en contacto con un buen psicólogo canino con una experiencia de más de 20 años , puede escribir y solicitar asesoramiento escribiendo a: doctorleuka@gmail.com

Como saber si la Clase de Socialización es Buena
-Si lo es, todos los asistentes, humanos o perros, parecerán relajados y felices. Estar disfrutando de la clase.

-En ninguna clase buena se utiliza el castigo, pegar, dar golpecitos con la mano, pataditas o el collar eléctrico, para adiestrar. Lo único que habría es un trauma para el perro y el humano.

-Las clases deben ser poco ruidosas. Gritar es innecesario. Si los perros ladran mucho puede ser síntoma de estar estresados.

-Los métodos utilizados deben ser válidos para su perro y para usted. La comida y los juguetes motivan poderosamente a los cachorros. Para mucho perros no es suficiente una felicitación, una acaricia.

-Deben combinarse de forma armoniosa el adiestramiento (que no sea duro) y el juego controlado entre los perros.

-Si se permite a los cachorros jugar sueltos de la correa, ninguno debe tener menos de 18 semanas cuando comience el curso.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

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Contacto: psicolmascot@gmail.com