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12 octubre, 2015

El Perro en el Coche - 2

En el coche, el perro se siente normalmente como en su casa. Para el perro, el motor que ronronea es sinónimo de perspectiva de paseo, o de actividad en compañía de su dueño.

Tamaño de Perro, Tamaño de Coche

Cuando se ha escogido un perro de una raza grande, se tendrá que estudiar, en un plazo más o menos largo, el cambio del coche. En efecto, ya se trate de llevarlo a cazar o a la oficina, de vacaciones o un fin de semana, el perro debe tener su lugar en el coche y no meterlo entre las maletas. Debe poder dormir y moverse comodamente.

El coche todoterreno o monovolumen, es el que mejor se adapta, sobre si se van a transportar varios animales, caso frecuente del criador que debe presentar numerosos perros en una exposición. Los cazadores que van a cazar o a participar en un concurso con una jauría de perros, que no paran de correr por todas partes, preferirán seguramente un remolque.

En cualquier coche, el lugar del perro es la parte trasera. Algunos perros de talla pequeña se colocan voluntariamente en la parte trasera, que reconocen como suya, lo que facilita las cosas cuando el habitáculo está lleno. Pero, CUIDADO, en este lugar el sol da muy fuerte, y si va con arnés tener cuidado con los frenazos fuertes, porque se desplazará bruscamente. El perro molesto debe, por su parte, ser separado del conductor por una rejilla de protección. Lo mismo sucede con los perros revoltosos, cualquiera que sea su tamaño, incluso los más pequeños, pueden distraer al conductor con facilidad y provocar un accidente, lo mejor siempre es llevarlos en un transportín.

Algunos dueños, en particular aquellos que preparan a sus perros para campeonatos o concursos de trabajo, prefieren acondicionar, en la parte trasera de su coche, unos cajones o jaulas, que impide al perro salirse y fatigarse, al tratar de mantener su equilibrio ante las irregularidades de la carretera; curvas, aceleración, frenazos, etc..

Los transportines, también obligan al perro a estar tranquilo, y por otra parte, debido a su forma, le facilitan un habitáculo agradable y confortable.

Por razones obvias, el perro no debe ir, nunca, en las rodillas del conductor. Todo conductor que desprecie esta norma de seguridad corre el grave riesgo, en caso de accidente, de ver a su compañía de seguros volverse contra él. De la misma manera es punible desde el punto de vista del código de circulación llevar un perro que impida la visibilidad o dificulte las maniobras.

Todo esto no debe servir para relegar el perro al maletero; en ese espacio oscuro y ruidoso, el perro separado de su amo puede sentirse desgraciado e incluso tener pánico.

¡Cuidado con los Golpes de Calor!

Cada año, numerosos perros mueren de un golpe de calor, a consecuencia, casi siempre, de una estancia prolongrada, en un coche expuesto al sol y donde no entra ni una pizca de aire. La policía, avisada por los viandantes, debe intervenir, rompiendo el cristal para salvar al perro. El Golpe de Calor;

Cómo Reconocer el Golpe de Calor

Un perro ardiente, en un estado de semiconsciencia, que babea y cuyas mucosas están más oscuras de lo que es habitual, debe de ser socorrido de inmediato. En casos, hay que llevarlo, los más rápidamente posible, a un lugar ventilado, rociarlo abundantemente con agua fría, si es necesario, ponerle una bolsa de hielo en la cabeza y llevarlo al veterinario más cercano.

Cómo Evitar el Golpe de Calor

Este tipo de accidentes es muy fácil de evitar. Los problemas de estacionamiento existen realmente, pero un coche en el que debe permanecer un perro debe dejarse siempre en un estacionamiento en que dé la sombra, y el propietario debe ser consciente de que el sol gira en el transcurso del día y las sombras no están fijas. También tendrá que dejar ligeramente bajada la ventanilla. Un ventilador puede también ser conectado en la batería.

No Sólo los Golpes de Calor

Otro accidente, también grave, aunque menos conocido, es el riesgo que corre el perro, cuando su amo, imprudente o distraído, no le ha quitado su correa. Al moverse, el perro se enrolla con alguna palanca, por ejemplo, y al no poder desenrollarse, se mueve más y puede acabar estrangulándose, sobre todo si lleva puesto un collar estrangulador.

Cuidado en la Carretera

En el curso de un largo viaje, el perro, como sus amos, necesita desentumecerse y agradecerá hacer un alto en el camino cada dos horas aproximadamente. Pero, Cuidado, una parada en el borde de la carretera nacional o de una autovía, no es más que un peligro. El perro, aterrorizado por el ruido o desorientado por la novedad, puede escaparse y cruzar la carretera.

Es necesario tener la precaución de ponerle la correa antes, no vacilar en detenerse en una zona que permita al perro brincar sin ningún peligro.

Los viajes en un coche exponen al perro a la deshidratación, por lo que es necesario proporcionar agua fresca al perro. Es igualmente necesario que le dé el aire, pero no en exceso.. y en ningún caso se debe dejar que el perro saque la cabeza por la ventanilla abierta, recibiendo los golpes del viento, con lo que llegaría a su destino con una conjuntivitis, una queratitis o una otitis.. si no acaba muerto por el golpe de otro coche. Un último consejo: enseñar a vuestro perro a viajar tranquilo, pues no hay nada que ponga más nervioso que un perro que aúlla o ladra durante todo el trayecto.



Centro Veterinario Leuka

11 octubre, 2015

El Perro en el Coche

Según como haya sido educado el perro así será su comportamiento en el coche. La calma del animal depende del control que sobre él ejerza su dueño en todas las circunstancias.

¿Cuántos son los perros que viven en compañía del humano y que nunca han subido a un coche?

Muy pocos sin duda, pues para muchísimos perros el coche constituye su marco de vida cotidiano, sea porque acompañan a su dueño en el coche que le sirve de instrumento de trabajo, o porque guardan el vehículo. En todo caso, los animales pueden resultar molestos en los trayectos. Así pues, hay que educarlos sabiendo claramente qué cosas hacen que se sientan bien y qué elementos les impiden permanecer tranquilos.

Los Mareos

Esta patología, muy frecuente en el humano y el perro, está inducida por numerosos factores orgánicos (vibraciones, percepción del desplazamiento, olor de los carburantes) y psíquicos; a ella van asociadas principalmente manifestaciones periféricas del miedo, salivación y vómitos.

Ahora bien, las primeras experiencias marcan, y por tanto, pueden dar lugar a perturbaciones fisiológicas que engendren una situación estresante que puede desembocar rápidamente en fobia al coche.

De modo que los primeros viajes conviene administrar al perro un medicamento para prevenir la aparición de esas indisposiciones.

El Lugar del Perro

El código de la circulación dispone que el perro viaje en la parte posterior del coche y esté quieto y sujeto, para no molestar al conductor. Sin embargo, el cachorro que mete las patas por primera vez en un coche, no se quedará espontáneamente en un lugar determinado. Así pues resulta necesario fijar ese lugar materializándolo con un objeto familiar, y al menos en los primeros viajes, procurar que alguien vigile al perro y lo haga estar quieto.

Lo mejor siempre es poder tener habituado al perro desde cachorro a viajar en el tranportín; En ningún caso se dejará que el perro se instale en el asiento delantero aunque no lo ocupe ningún pasajero. En efecto, para el perro el coche no es sólo un objeto en movimiento sino también una versión reducida del territorio de la familia con la que vive.

Y en función de la jerarquía y organización de los grupos humano-perro, el animal identificará entre las zonas del espacio frecuentado por el grupo las que tienen un valor social importante. Así, la plaza del pasajero de delante será un lugar que el perro quiera poseer porque suele estar reservado a un miembro de la familia. Y cedérsela una vez podría plantear problemas jerárquicos que dieran lugar a mordeduras.

Dejar Solo al Perro

También se plantea el problema de los destrozos cuando se deja al perro solo en el coche. En todo caso, como esta situación es parecida a la que se crea cuando se le deja solo en casa, lo que procede es acostumbrarlo a la soledad, y ello conviene hacerlo dentro de la vivienda por evidentes razones prácticas.

Reglas para los Primeros Viajes

-No permitir que el cachorro se ponga enfermo. Para ello, y de acuerdo con el veterinario, administrarle un tratamiento previo (entre una hora y media antes de la salida) de homeopatía.

-Decidir el lugar del cachorro y no cambiarlo por más que se queje. El transportín es el mejor lugar y seguro para el perro.

-Los perros de talla grande o gigante, deben ir en un coche adecuado y en la parte de atrás con una barrera de hierro.

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

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Adiestramiento Canino – Psicología y Aprendizaje – Castigo y Recompensa



La dualidad castigo recompensa, se presenta como la base y el principio mismo de la acción de educación y control que el humano ejerce sobre el perro.

Para la mayoría de los propietarios, la educación de un perro consiste en reprimir algunos comportamientos indeseables y recompensar sus intentos de acercarse a lo que desea. Sin embargo, no se debe reducir esas operaciones educativas a manifestaciones impulsivas difíciles de controlar, ya que castigo y recompensa tienen características psicofisiológicas precisas.

Psicología y Aprendizaje

Cuando la psicología experimental definió las diferentes vías del aprendizaje propuso la noción de refuerzo. Éste corresponde a la aparición de una estimulación después de que el animal haya adquirido un nuevo comportamiento, estimulación que ejercerá una influencia sobre la probabilidad de reaparición de aquel comportamiento.

Cuando la estimulación resulte agradable al perro, el comportamiento se verá reforzado y a partir de entonces formará parte del repertorio comportamental del animal: éste lo habrá aprendido. Ese refuerzo positivo (estimulación agradable) es una recompensa. En cambio, si la estimulación es desagradable, rápidamente impedirá la reaparición del nuevo comportamiento; en ese caso se habla de refuerzo negativo o de condicionamiento adverso. El refuerzo negativo es un castigo.

Eficacia de los Castigos y las Recompensas

Los trabajos de los psicólogos nos han permitido definir las características de los castigos y las recompensas.

El primer criterio de la eficacia de una castigo o una recompensa radica en la realidad de su carácter desagradable o positivo para el perro sobre el que se ejercen. En otras palabras, la principal dificultad consiste en apreciar la cualidad punitiva o gratificante de una estimulación.

Cuando el propietario de un perro que se ha orinado en el suelo de su casa, decide castigar al perro metiéndole la nariz en la orina, está convencido de que le inflige una sanción humillante y repugnante. Sin embargo, el estudio del comportamiento de la especia canina permite saber que al perro no le produce asco su orina, sino que le atrae e incluso la absorbería; por consiguiente, meter la nariz del perro en la orina no constituye un castigo, y es un maltrato al animal.

Del mismo modo, recompensar al perro implica que se conozcan los elementos susceptibles de satisfacerle, el deseo de conseguir de nuevo la recompensa ha de ser lo bastante fuerte para motivar la aparición del comportamiento que le está asociado.

El segundo parámetro fundamental es de carácter temporal; por una parte interviene el tiempo transcurrido entre el comportamiento buscado por la operación educativa y el refuerzo positivo o negativo, y, por otra, la repetitividad. Ahí se encuentran las reglas más importantes que se han de conocer, pues su transgresión anularía el efecto del castigo o de la recompensa y hasta podría invertirlo.

Es fundamental saber que el castigo debe ser aplicado inmediatamente despues de la acción que se quiere prohibir. Sancionar un comportamiento varios minutos y hasta varias horas después no tiene más efecto que el de poner al perro en una situación que éste es incapaz de interpretar y que puede hacerse ansiógena si se reproduce demasiado a menudo.

Algunos adiestradores, sin embargo que parece y se creen que consiguen resultados con castigos diferidos, pero esta técnica, mal codificada y que nunca se ha estudiado en serio, es desaconsejable hoy por hoy, pues no hay garantías de que siempre se vea coronada por el éxito, y sobre todo por el bien del perro.

En cuanto a la recompensa, no tiene por qué ser consecutiva a la consecuencia comportamental que se intenta reforzar. Desde luego que debe estarle muy asociada pero lo importante es que no sea repetitiva ni durante el aprendizaje ni después; aunque en los primeros momentos del refuerzo es importante que cada buena respuesta del animal tenga su recompensa, después habrá que modificar esa relación.

En efecto, se ha constatado que el refuerzo sistemático anula progresivamente el comportamiento aprendido pues, como se sabe, la banalización de la recompensa disminuye la motivación.

Tan pronto como parezca que el nuevo comportamiento ha sido asimilado, será necesario distribuir las recompensas de manera aleatoria, llevando a cabo lo que se llama un refuerzo intermitente. Esta técnica tiene como efecto consolidar notablemente el aprendizaje y que éste proporcione mejores resultados.

La Teoría En La Práctica

La Recompensa

En primer lugar conviene insistir en la diferencia entre recompensa e incentivo. La recompensa no es visible o en todo caso, no le es directamente accesible al perro hasta que éste haya tenido el comportamiento deseado. El incentivo sí que está disponible de inmediato y el perro no puede saber qué comportamiento le ha permitido conseguirlo.

Hay muchas personas que al no conseguir que el perro acuda cuando lo llaman, le muestran comida para atraerlo. No cabe duda que en tales condiciones el perro acudirá salvo que éste presente otra estimulación más motivadora (una perra en celo, por ejemplo), pero, después, sólo reproduciría aquel comportamiento si ve la comida, que en este caso tiene una función de incentivo. En tal supuesto, recompensar consistirá en darle una golosina cualquiera cuando el perro haya respondido a la llamada y acuda.

Así, pues, recompensar al perro es encontrar una estimulación que le resulte gratificante. Una golosina y el contacto físico con el dueño son dos ejemplos de recompensa particularmente evidentes y simples.

A resaltar que las caricias deben ser muy marcadas, casi caricaturescas incluso, al principio del aprendizaje; el dueño ha de abrazar al perro y manifestar muy fuertemente su alegría jugando con la entonación de la voz para que el perro se entere de que está contento.

El Castigo

Ante todo conviene resaltar, que al perro nunca se le puede pegar, la mano que le acaricia y le premia no puede castigarle con agresión, nunca debe tocar al perro para un castigo. Simplemente con una voz diferente de enfado y el NO, seguidamente de alejarnos de el o no hacerle caso, será suficiente como castigo, o terminar el juego con el.

Si el perro se tumba y presenta el vientre, mostrando sumisión, se deberá dar por terminada la corrección. Hay que enseñarle a asociar la palabra corta del NO como un castigo, siempre sin tocar al perro.

Recuerde siempre que los aprendizajes positivos (por recompensa) son más sólidos que los aprendizajes represivos (por castigo). De modo que es preferible enseñar al perro lo que se quiere que haga en vez de esperar a que haya cometido un error para reprenderlo.

Si desea recibir clases de adiestramiento canino en positivo, cognitivo emocional, modificación de conducta o una educación básica, puede escribirnos al correo; psicolmascot@gmail.com

Por: Erik Farina (Etólogo Canino)

Contacto: psicolmascot@gmail.com


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