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28 septiembre, 2015

Inteligencia y Comunicación Canina – 1

En el entorno natural, nuestros perros domésticos formarían jaurías organizadas. A cada perro le correspondería un estatus social determinado, con derechos y deberes concretos, y la jauría en general se relacionaría escasamente con caninos que no conociera. De hecho si se encontrasen con un perro perteneciente a otra jauría, lo tratarían con gran recelo y si el grupo se sintiese amenazado por él, lo ahuyentarían con gestos amenazantes y grandes muestras de hostilidad.

La Comunicación canina.

Sin embargo, esperamos que el perro que vive con nosotros se relacione con sus congéneres de forma muy distinta. Lo natural es que los perros pertenecientes a diferentes jaurías/familias, sea cual sea su sexo, su edad y su tamaño, se encuentren y se traten a diario en la calle, o en el parque, sin que se produzca ningún tipo de confrontación o conflicto.

Esto es posible sólo por dos motivos. El primero es que el perro doméstico, durante su evolución a partir del lobo, probablemente sufrió un proceso de selección natural que lo dejó en estado neotónico, es decir, estando en un comportamiento juvenil de por vida. Un perro nunca llegará a comportarse como un lobo adulto.

De hecho, el perro demuestra una gran flexibilidad en su trato social con los demás perros durante toda su vida, si es que no sigue mostrándose, incluso, tan juguetón como un cachorro.

El segundo factor que hace posible que nuestros perros se relacionen entre sí con tanta naturalidad y sin violencia, es precisamente la socialización precoz a la que le sometemos. Nosotros les enseñamos desde cachorros que los demás perros, auque no tengan el mismo olor o el mismo aspecto que sus compañeros de camada, son igual de amistosos y dignos de confianza que ellos.

De todos modos cuando los llevamos al parque podemos aún observar vestigios de la conducta social de los lobos en su comportamiento. Es cierto que se relacionan con sus congéneres libremente, pero siempre observando una serie de rituales, una serie de normas de conductas social destinadas a hacer posible que un perro se presente ante un desconocido y ambos puedan entablar una relación amistosa, por efímera que ésta sea.

Además, para comunicar con sus congéneres su existencia e intenciones los perros no necesitan forzosamente coincidir: también suelen presentarse ante los demás de otros modos, como marcando el territorio con orina o eligiendo cuidadosamente el lugar más adecuado para depositar sus heces.

La Comunicación Olfativa.

Los perros delimitan lo que consideran su territorio utilizando su olor personal. Probablemente, para ellos, leer olfativamente la información contenida en la orina dejada por sus congéneres, es un poco como para nosotros ojear el periódico por la mañana. Esas señales olfativas están plagadas de información sobre el sexo, estado de salud, estatus social e incluso situación coronal de los perros de la vecindad.

Los perros pueden, incluso, detectar mediante el olfato el miedo que están sintiendo otros animales. Se cree que cuando un perro está atemorizado libera ciertas sustancias químicas, denominadas feromonas, destinadas a alertar a los demás sobre el peligro que los acecha. Tal vez esto explica por qué a muchos perros les aterroriza ir al veterinario auque nunca hayan sufrido ninguna experiencia traumática en la clínica.

Es probable que un olfato tan altamente desarrollado permita a los perros saber exactamente cuántos perros hay, o ha habido hasta hace muy poco, en el parque, y si los conocen o no.

La Comunicación Visual.

Cuando están al alcance de la vista, los mensajes olfativos ceden paso al lenguaje de los gestos. La mayoría de los perros si no están sujetos por la correa y pueden moverse con total libertad, se toman cierto tiempo al presentarse ante los perros que no conocen. En el primer momento, es posible que nada más verse ambos queden como inmovilizados.

Poco después, irán aproximándose entre sí, despacio y con precaución, con frecuencia dando una especie de rodeo en vez de dirigirse directamente hacia el otro, lo cual podría ser interpretado como un intento de agresión. Cuando están cerca normalmente intentarán olfatearse mutuamente, primero la cara y la cabeza y finalmente la zona genital, mucho más rica en información olfativa.

Después de esto, tal vez uno de ellos se aleje, o tal vez los dos a la vez, y levante la pata para orinar, dando por concluidas las presentaciones. También es posible que se inviten mutuamente a jugar, agitando las patas delanteras en el aire, acostándose sobre las patas delanteras, mientras las patas traseras quedan en posición normal, o ladrando.

Aunque mientras juegan pueda parecer que están peleando en serio, normalmente ambos comprenden y acatan mientras lo hacen las normas sociales pertinentes y es muy difícil que lleguen a morderse fuerte o a desafiarse con verdadera hostilidad.

El Lenguaje Corporal

A veces cuando dos perros se encuentran, utilizan los gestos para mostrarse dominantes o sumisos. Tal vez uno de ellos intente colocar una de sus patas delanteras, o las dos, sobre el lomo del otro, o montarlo. Con menos frecuencia, el perro que intenta someter al otro lo expresará apoyando su cabeza en el lomo o el cuello del otro.


La mayoría de las veces, los perros liman sus esperezas sin violencia y ambos acaban jugando o tomando cada uno su camino. De hecho, las peleas se producen casi siempre porque los propietarios intervienen, interfiriendo de este modo en el complejo sistema de señales utilizado por los perros para resolver la situación, código que ambos perros conocen y comprenden perfectamente.

Etólogo Canino: doctorleuka@gmail.com

Centro Veterinario Leuka

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